Escucho el sonido retumbando en mis oídos, es la primera de muchas veces que escuchare ininterrumpidamente el zumbido en mi cabeza... Y esto porque?, porque no hay nada más que me consuele, que me haga fusionarme con el ambiente, ser uno mismo con todas las cosas que me rodean. Muerto... muerto estoy, por lo menos en el sentido exacto de que no me queda nada más por vivir, se ha acabado la lista de cosas por hacer y solo me queda esperar mi lugar en la lista de la muerte.
Algún día, a lo mejor, regrese, siendo un ser totalmente nuevo, rehecho, con cada pieza que me conforma con un brillo de fabrica, engrazado cada eje y cada extremidad aun con su envoltura original. Por el momento solo queda un nuevo hecho, que ni tan hecho porque con el correr del tiempo tomara forma, aún, aún es amorfa la acción, al final, con el tiempo se volverá demonio, ángel, fiera, quimera u otra lista interminable de cosas que pensé hacer.
Comienzo escribiendo en mi cuarto, con las manos frías, entumecidas por el clima de esta temporada, comienza a hacerse visible en cada casa las luces intermitentes de las decoraciones, árboles adornan las esquinas de las casas, amarrados por las series navideñas, sufriendo el peso inconstante de la esfera de cristal que cuelga peligrosamente; y si, mi casa cumple con los requisitos para pasar una feliz navidad. Prefiero seguir en mi mente el avance de la noche insondable, prefiero pensar que aún el sol se mantiene en el horizonte, aunque, la verdad, a mi la noche me calza mucho mejor que el día. Esa posibilidad de esconderte entre las sombras, de mancharte con la oscuridad errante, mirar el cielo cubierto de estrellas que no son más que luces que nos vienen del pasado. Si, a mi, en este momento me calza mejor la noche.
Hasta el momento la muerte se agobia, se interna en un túnel que parece sin fin, cumpliendo con su tarea, extender las falanges de su dedo, convertir a otros en cenizas, alguna vez acabará y cuando a la muerte se le acaben las victimas, a ella, irónicamente, se le acabará la vida. Pobre, eterna, sola, no es un alma en pena, pero tampoco es un alma tranquila, de aquellas que se sientan a pacer tranquilamente los campos de un paraíso prometido en cada carta; no, la muerte no se sienta ni aunque el muerto este en su regazo.
No pienso buscarle tres pies al gato para intentar salvar ese precipicio que es la muerte, no pienso que después de esta vida, en el corto instante que dura la muerte yo encuentre el verdadero motivo de la vida, no creo encontrar nada después de la ceguez causada por la guadaña, y si encuentro algo, espero que no sea otra vida como esta, por lo menos que me baste con vivirla como he querido una sola vez, dos veces ya sería un exceso.
Asi empieza esto, buscando lectores, comentaristas, bloggers; todo tiene un inicio y mientras me llega el final, esto comienza a tomar forma, y señores, esto ni siquiera se acaba cuando el punto final se pone. Aquí me espera la loca muerte, si se sienta un rato a mi lado para leer esto, sabré, que después de todo, ella si a aprendido a esperar por lo que añora.
"Que Simple Se Vuelve La Vida, Cuando Solo Se Espera La Muerte, Y No Ninguna Alegría"
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